El mediador de conflictos carece de poder de decisión autorizado. Esta característica distingue al mediador del juez o árbitro. El mediador trabaja para restablecer la comunicación  y asi  readaptar  las necesidades  a los intereses  de las partes.

Moore, señala que: “a menudo los conflictos se agravan o atenúan sobre la base de la percepción que una parte tiene de la otra”. El papel del mediador consiste en reducir las barreras perceptuales que se oponen a la negociación para ello el mediador se centra en :

  • Identificar las percepciones que tiene cada parte.
  • Evaluar si las percepciones  se adaptan a la realidad que  cada parte percibe.

Un mediador debe poseer la capacidad para comprender  el modo de entender y de situarse que tienen las partes en  conflicto. Es decir, cómo organizan y representan las partes sus experiencias y sus expectativas respecto al objeto del  conflicto.

Las partes le han de reconocer estas cualidades desde el inicio del proceso de mediación, es decir, es una persona en la que ambas deben confiar. La certeza de que si se apartan de la mediación, la persona mediadora no podrá ser llamada  ante un tribunal para favorecer o perjudicar a ninguno de ellos, ayuda a generar ese clima de confianza.

El mediador es un profesional legalmente habilitado, que conoce y  se ha entrenado en  técnicas de gestión de conflictos. Debe ser neutral e imparcial  y su papel no consiste en dar o quitar razones.

No debe involucrarse en el contenido del conflicto, pues  el conflicto es de las partes debe devolverles la capacidad para  encontrar sus propias soluciones .

Durante el proceso el mediador de conflictos controla:

  • La recogida de información 
  • La gestión  de la emociones
  • Análisis e identificación de los núcleos del conflicto.
  • Tiempo de las sesiones.
  • Uso de  sesiones privadas y principios que las rigen.
  • La sucesión de pequeños acuerdos que hace avanzar el proceso.

La eficacia  en esa gestión del conflicto presupone al mediador tener otra mirada  para entender  los valores y  creencias  de las partes que sin duda condicionan su forma de entender el conflicto el mediador ayudará  a que también cada parte mire desde donde mira el otro. Así lo explica Maturana biólogo-pensador  que sostiene que el conocimiento de nuestra propia naturaleza esconde la llave para hacernos responsables de nuestra propia conducta ética. Es decir, si somos capaces de reflexionar, podemos cambiar la mirada de las cosas.

Habilidades y Funciones del mediador de conflictos

  • Confianza en una triple vertiente en el propio mediador capacidad para inspirarla, en el proceso en sí y en la capacidad en si mismas de las partes para encontrar soluciones. Saber reconocer los recursos de las personas aun en los momentos de crisis y falta de perspectivas.
  • Tolerancia al estrésHay que ser capaz de resistir en situaciones de tensión para que no se den reacciones de enfrentamiento, evitación o huida. En una mediación se encuentran siempre momentos difíciles, en los que las partes se dejan llevar por emociones intensas, otros en los que parece que el proceso se paraliza y las posiciones tienden a cristalizarse. Es necesario saber esperar para no proponer una acción precipitada.
  • Disponibilidad para aprenderReconocer las crisis y los conflictos como una parte de la vida que propicia el cambio. Todas las personas y grupos sociales están sujetos a etapas de crisis que alternan con otras de estabilidad. Es necesario aprender de las crisis para cambiar y crecer. El trabajo en mediación no viene dado por una serie de parámetros fijos, ni es siempre igual. Los conflictos de las personas son siempre diferentes aunque tengan el mismo nombre (separación, régimen de visitas…) A veces no es fácil reconocer lo que está en la base y mueve el resto de las piezas, y entonces se corre el riesgo de confundirse. Por eso la persona que media tiene que estar abierta a aprender continuamente, no dar nada por sabido. Se trata de un aprendizaje más experiencial que teórico, que implica un proceso de crecimiento como persona.
  • Realismo. La persona mediadora ha de ser a veces agente de realidad ante las pretensiones poco realistas de las partes, su labor consiste en ayudar a encontrar las mejores vías dentro de las que son posibles. De nada sirve fabricar unos acuerdos muy buenos, pero que no van a poder cumplirse. A veces es mejor cerrar acuerdos parciales realistas que ir buscando ideales poco prácticos.
  • Paciencia, comprensión, compasiónCuando se trabaja con conflictos humanos en los que hay una gran carga de emotividad, hay que ser capaz de entender el nivel de angustia y sufrimiento que se genera. Muchos de los temas que se tocan en mediación familiar llevan añadidas situaciones de pérdida con un fuerte componente de ansiedad y miedo, y todo esto puede tener como consecuencia que las personas adopten posturas extremas o agresivas. Es necesario leer entre líneas y evitar los juicios.
  • CreatividadSerá muy útil en el momento de generar alternativas al conflicto. Se trata de partir del estudio de la situación tal como está, aplicándole imaginación y una mirada abierta. Es la capacidad para potenciar la creatividad de las partes, puesto que ellos son los dueños de su conflicto y los que pueden llegar a soluciones imaginativas. Es útil proponer la utilización de técnicas como la lluvia de ideas.
  • Adaptabilidad a situaciones sociales. El mediador o mediadora  tiene que tener recursos para tratar con personas de cualquier edad, y poder adaptarse a sesiones con personas menores, adultas o ancianas, sin que esto le suponga mayor dificultad. Asimismo, es conveniente tener recursos para acomodarse a distintos planteamientos, tiempos, periodicidad, etc, según las necesidades del grupo familiar.
  • Autenticidad, sencillez, naturalidad. No moverse en el plano de las apariencias. Para ser profesional de la mediación, así como para ejercer correctamente cualquier profesión de ayuda, hace falta una buena dosis de humildad. Reconocimiento de los propios límites.
  • Habilidad para expresar críticaEn el proceso de mediación a veces es necesario llamar la atención sobre algo negativo. Hay que saber cómo hacerlo sin generar una respuesta de autodefensa. Si la crítica va dirigida a una de las partes conviene hacerla en una reunión individual y no delante de la otra parte.

A esta lista podemos añadir muchos otros atributos y habilidades personales, como el sentido del humor, la flexibilidad, la honestidad, la capacidad de colaboración, la prudencia, la ecuanimidad… Lo importante es entender que las personas contamos de partida con un abundante arsenal de herramientas que son nuestras capacidades y potencialidades personales. El periodo de formación sirve también para ir reconociendo y sacando a la luz aquello que forma parte de cada cual, para pulirlo y entrenarlo al servicio de la actividad mediadora, sin olvidar el reconocimiento de nuestros límites.

Author Leonard

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