Escribo estas líneas desde la tienda encima del coche, a las 12 de la noche del 20 de febrero. Escucho cómo suena el Atlántico, estoy a solo 30 metros de él, aparcado debajo de unos árboles. He llegado a Senegal, a 38 grados, después de alrededor de 5000 km y por fin he dejado el desierto, donde muchas veces andaba literalmente perdido.
Pero empezamos por el principio. Me desperté en Dakhla, delante de la laguna maravillosa. Digo adiós a los pescadores de ostras y preparo el Subaru, que por cierto va hasta ahora de maravilla, mi fiel compañero. Desde la laguna hay que subir una cuesta importante y larga entre dunas para volver a la carretera. El Subaru disfruta, o tal vez soy yo. Llego al Trópico de Cáncer, ( la línea imaginaria que marca el punto más al norte donde el sol puede estar en posición cenital ), y me encuentro con unos húngaros que hacen un rally de Budapest a Bamako. Hablo con uno en inglés, hablo español con otro, hablo alemán con el tercero. Magnífico poder variar el idioma después de hablar constantemente francés, que es el idioma que predomina en este viaje y que por suerte puedo pulir y desoxidar un poco de esta manera.
Llego a Guerguerat, todavía Sáhara Occidental, o mejor dicho Marruecos, o mejor dicho el país saharaui como lo prefieren los nativos. Paso la frontera rápidamente, NOT. Necesito 7 horas para pasar la frontera, 6 horas en el lado de Marruecos. Paso por milagro este día porque la frontera cierra a las 6. Solo 1 hora en el lado de Mauritania, ¿por qué? Gracias a Mohtar ( Mojtar ), uno de los muchos nuevos amigos. Mohtar, un hombre mauritano nativo y orgulloso pero muy simpático, va arriba y abajo y vuelve, parece el jefe de la frontera, todos van a su ritmo. Me lleva hasta un hotel en Nouadhibou, ya es de noche, hay que pasar varios controles policiales, piden la fish, ¿la fish qué? Es decir la ficha, es decir la copia de mi pasaporte. Necesitaré 15 copias en toda Mauritania, la fish, la fish, la fish me piden…. Es muy tarde, no hay tiempo para buscar un sitio, pero todavía no hemos acabado. Me presenta al cónsul de Francia en Mauritania y ceno con ellos un lenguado, ( como no, un fish… ) . El cónsul me da su número de teléfono por si tengo problemas en la ruta, ( sí, todo un poco surreal en este día. )
Al día siguiente me marcho del hotel, bien duchado, y sigo la ruta en búsqueda de gasolina, nada fácil aquí. Hay gasolineras cada 200 a 300 kilómetros y muchas veces no tienen gasolina, solo diésel. Lleno mis depósitos extra y vuelvo al Sáhara Mauritanio, igual de duro y tormentoso que en el Sáhara Occidental, pero con peores carreteras, ¿he dicho carreteras?, la arena y las dunas se comen media carretera, y sin duda con LA FISH.
Estoy en Nuakchot, la capital, me quedo un día y sigo. Hago nuevos contactos que me ayudarán en los próximos días.Queda poco para acabar el desierto, por fin. Cada vez más verde, hasta árboles con sombra, un lujo. Llego al Parque Nacional de Diawling. Veo una maravillosa variedad de aves, jabalíes que andan por todos lados, burros salvajes, dromedarios, flamencos, cabras, vacas, cocodrilos, serpientes pitón de 5 metros que no he visto, pero he dormido con un ojo abierto en la tienda arriba.
En Diawling conozco a un chico, se llama Bebeya. Me ofrece enseñarme el terreno y poco a poco se va revelando por qué hago este viaje, por las historias y por entender vidas. Bebeya me cuenta la suya. Él es de Sierra Leone, allí están su familia, cuatro hermanos, dos hermanas y sus padres. Tiene que ganar dinero aquí en Mauritania, donde tal vez hay incluso menos que en su propio país. Tiene un sueño, quiere ir a Alemania, quiere salir de esta presión constante de tener que aportar, de ser el que sostiene. Pero no puede. Entonces silencio. Estamos juntos un buen rato pensando, escuchando el silencio. Recuerdo que he traído algunas pelotas. La hinchamos juntos y damos unos toques. Bebeya está muy contento de que por lo menos podrá volver a jugar al fútbol con sus amigos. Por lo menos eso.
Al día siguiente me levanto pronto. Quiero ser de los primeros para pasar rápido en Diama. Estoy preparado para lo peor, pero espero lo mejor, y así es, paso rápido y estoy en Senegal. Voy a visitar un centro cultural. Conozco a Pablo, un amigo de un amigo de un amigo, pero no me trata así, me trata como su amigo. Después de una mañana de buenas conversaciones me explica lo que hacen, reciclar plásticos, talleres de danza artística, encuentros interculturales, y todo esto en un pequeño paraíso en Gandiol, cerca de Saint Louis. Me invitan a comer juntos, literalmente juntos. Comemos todos, siete en total, de una misma paella, cada uno con su cuchara. El atún en el medio, rodeado de verduras y arroz muy sabroso. Me voy, abrazo a Pablo, volveré.





















































En aquest mar de sorra fins i tot es podria fer surf. Un camí que sembla soltiari, però que en realitat està ple de vida. El gosset petit semblava que estigués esperant el pròxim moviment en el taulell d’escacs. Viele Freunde finden!