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“Leo, ¿te parece que damos un paseo por la selva, pasamos por un Bolong, visitamos un proyecto de reciclado artesanal de plástico que hacen ladrillos, y luego volvemos por la playa del Atlántico para recoger peces muertos y dárselos a los cocodrilos que nos encontramos a la vuelta?” Una frase como esta, o muy similar, me dijo un señor que vive en la selva desde hace cuatro años. Curiosamente, y aquí es donde se cierra el círculo, vi a este mismo hombre con su vehículo en 2022 en Turquía, es decir, aproximadamente a 10.000 kilómetros de aquí. El mundo es pequeño, nunca mejor dicho. Fue tan amable que me invito a comer con sus amigos y me dejo dormir en su terreno , que había comprado en la selva (por si a alguien le interesa: unos 6.000 euros por aproximadamente 2.500 m²). Me comentó que quiere comprar más terreno para poder proteger la selva de la deforestación. Por cierto, hicimos exactamente el plan que me propuso al inicio. Y además me explicó las distintas clases de serpientes que hay por aquí y cómo actúan… muchas gracias :-). Al día siguiente me despierto en la tienda con ruidos que vienen de los árboles. Una familia de macacos me observa desde arriba, un poco tímidos pero muy atentos. Me cojo otro plátano fresco del árbol del jardín botánico y me pongo en camino hacia Gambia, de nuevo soy el nuevo, así es la vida de nomada.

Me habían hablado de un proyecto que no tenía en mi radar: “The Gambia Horse and Donkey Trust”. Hasta ahora, los proyectos e instituciones que había visitado giraban principalmente en torno al ser humano, la agricultura, el cambio climático, la desigualdad, el reciclaje o la educación. Pero me interesaba conocer esta otra perspectiva y el tipo de cooperación que se establece aquí con los animales. Al llegar, y después de describir mi vida nomada actual y mi intención de la expedición, me invitan a entrar en el terreno. Es muy grande, mucho más de lo que esperaba. Dan hogar a alrededor de 70 burros, 9 caballos, unos 100 perros, gallinas, un dromedario y muchas cabras y ovejas que se mueven por el lugar. Entre ellos también aparecen monos babuinos que, aunque viven normalmente en la selva, forman parte del ecosistema y se acercan a buscar comida entre los burros. Moussa, Samba, Demba, Dembo, Aisha y Mohamed se ocupan de mí. En equipo me explican el proyecto: animales abandonados, maltratados o enfermos llegan cada día. Ellos los cuidan, los operan en su hospital veterinario y les ayudan en su recuperación. Si es posible, intentan encontrarles un nuevo hogar. También trabajan en la educación de los granjeros y en las escuelas locales para enseñar a tratar a los animales con dignidad. Moussa me invita a salir con los perros “sanos”. Sin duda no esperaba que, después de un silbido, aparecieran entre 30 y 40 perros sueltos, increíblemente felices. Salimos juntos, a un ritmo casi loco, por la puerta de atrás para dar un paseo a través de la selva, por el bolong, y de vuelta al centro. Después, Aisha insiste en preparar comida para mí, aunque todos están en Ramadán. Mohamed me propone caminar con los perros hospitalizados, cada uno unos cinco minutos, en total hay unos 20 actualmente, algunos tienen solo tres patas, otros no tienen orejas, otros muestran grandes heridas visibles en el cuerpo. Hago lo que puedo. Me recuerdan un poco a Sherpa, que va lenta, a su ritmo, y a la que siempre tenemos que acompañar.

Duermo en la tienda del Subaru, entre los establos de los caballos, el edificio principal y los burros. Es una noche donde el silencio prácticamente no existe. Inesperadamente, no son los gallos los que me despiertan, sino el tremendo chillido del burro que está justo detrás del Subaru. Buenos días :-). De nuevo me tengo que despedir., así es la vida Nomada. Me espera un proyecto agrícola de dos jóvenes en la otra parte del río Gambia.

En el camino me encuentro con los “polis malos”, varias veces. Después de explicarles que no tengo “nada para ellos”, registran el coche y todo su contenido, buscando especialmente medicinas para un uso alternativo. En varias ocasiones la presión es tan alta que termino dejándoles algunas pastillas para que me dejen continuar el viaje. Me da que pensar. Dejo Gambia y me voy hacia Dakar. Allí me espera Carmen, de Open Arms, que me pondrá al día sobre la situación actual del Proyecto Origen y sobre la vida de los senegaleses en la actualidad. Me instalo cerca del Lago Rosa. Casi me pierdo en Dakar gracias a Google Maps, pero gente local me indica el camino y consigo salir del laberinto. Mi expectativa de Dakar ya era la de una ciudad extremadamente compleja y difícil, pero la realidad ha superado incluso esa impresión, distancia entre coches de 10 a 15cm en movimiento, por calles de arena y escombros.

Llego hasta el extremo occidental del continente africano y finalmente decido que el rumbo a partir de ahora es hacia el norte. Los aprendizajes y conocimientos recogidos en el camino  son ya abundantes, me queda mucho trabajo por delante.  Ghana y Costa de Marfil deberán esperar a otra ocasión. El nomada vuelve a casa…

Author Leonard Glab Frontera

Explorando el impacto de la comunicación y el lenguaje en entornos de crisis y conflictos interculturales. >Profesor Universitario, Mediador Intercultural certificado y fundador del ThinkTank G-lab-2b.<

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