Querida África,
estoy a punto de dejarte una vez más. Eres un continente inmenso, y sin embargo, sé que estos 10.000 kilómetros recorridos no son más que una pequeña parte, apenas un fragmento de tu realidad. Pero incluso ese fragmento me ha ayudado a poner muchas cosas en perspectiva, e incluso a descubrir otras nuevas.
Es un buen momento para hacer un pequeño balance y ordenar todo lo visto y aprendido contigo. Aunque parezca obvio, hay cosas que solo se comprenden cuando se viven de cerca, hay que acercarse, mirar y escuchar para empezar a entender. Y quizá solo así la desconfianza pueda ir convirtiéndose poco a poco en confianza hacia el otro.
He atravesado dos veces el Sahara, una con el viento a favor y otra con el viento en contra. Con tanto tiempo allí me he dado cuenta de que mi primera impresión de monotonía no era precisa; el Sahara sin lugar a dudas tiene sus matices, sus detalles, sus diferencias a lo largo del recorrido. He conocido el Sahel y sus peculiaridades, la sabana sudanesa, pero también paisajes de la sabana tropical, con sus culturas y los animales que viven allí a su manera. He visto cantidad de pelícanos y cigüeñas y otras aves volando con una libertad increíble, que me devolvían como en un espejo, la imagen de la libertad que yo tengo. Una libertad que a veces me ha dado vergüenza, porque yo puedo moverme por donde quiero, mientras otros están atrapados en su lugar y no tienen el derecho real de ir adonde desean.
A nivel intercultural, la experiencia contigo ha sido especialmente reveladora para mi trabajo y a nivel personal, porque me ha permitido observar de cerca cómo culturas, religiones, hábitos y maneras de entender la vida muy distintas conviven, se adaptan y se relacionan en lo cotidiano. Las visitas a universidades, asociaciones, escuelas, ONG, empresas y otros proyectos me han permitido acercarme un poco más a esa complejidad tuya. Me ha impresionado profundamente la capacidad de cooperación de muchas personas y la manera en que, incluso con pocos recursos y en contextos difíciles, logran encontrar soluciones prácticas, creativas y comunitarias.
A lo largo de la expedición me he dado cuenta de que eres un continente extraordinariamente joven. En casi todos los lugares hay una presencia enorme de niños y jóvenes. Tu estructura demográfica es muy distinta de la europea. La juventud se ve en la calle, en los mercados y en la vida cotidiana. En ella se intuye un potencial humano inmenso, pero me preocupa la pobreza de esta juventud, de las familias sobre todo a partir de Mauritania, aunque también en Senegal, Gambia y Guinea-Bisáu. Niños que me piden zapatos, camisetas y comida constantemente. Eso me desborda. Había venido algo preparado para afrontarlo y para contribuir en lo posible, pero no imaginaba esta dimensión. Recuerdo especialmente un día en Gambia, cuando terminé cediendo ante la insistencia de varios niños que me acorralaban junto a la puerta abierta del coche y cogían, con una mirada mezclada de permiso, tristeza y alegría hacia mí, lo que encontraban: monedas, caramelos, algunas cajitas y lápices de colores. Yo solo pude mirarlos y devolverles una mirada de confirmación. No les dije nada. No podía, no quería.
Otro tema clave que he podido observar es la fuerza, todavía silenciosa, de tantas mujeres, una fuerza una vez permitida y liberada, que podrá marcar una diferencia decisiva en el crecimiento social, económico y humano de África en los próximos años. En Senegal, por ejemplo, me llamó especialmente la atención la figura de la madre como mediadora natural dentro de la comunidad, capaz de resolver conflictos y mitigar crisis. También recuerdo a Bingo, una emprendedora simpática y resolutiva, y a Beatriz, que lucha por encontrar su lugar en el claustro masculino de la universidad.
Se observan iniciativas interesantes impulsadas por comunidades locales, asociaciones y pequeños proyectos altruistas para hacer frente a la acumulación de basura y a la gestión de residuos. Estas iniciativas intentan aportar soluciones concretas, como la instalación de contenedores, la recogida, la clasificación o el reciclaje. Sin embargo, en muchas ciudades y pueblos los desechos siguen amontonándose por la falta de sistemas adecuados de recogida y tratamiento por el estado. Veo a muchos niños recogiendo basura del suelo, adultos pocos.
Al mismo tiempo, contigo la vida cotidiana suele moverse a un ritmo más lento. La gente se toma tiempo para sí misma, pero también para los otros. Hay un margen de maniobra, o mejor dicho, hay juego, en las relaciones y en las transacciones (a veces al limite de la legalidad) que a veces deja espacio para confiar, porque no todo está cerrado de antemano por una norma o por la prisa. En ese ritmo pausado influyen el clima, el Ramadán y también factores estructurales como los sistemas burocráticos, las conexiones a internet o el acceso a servicios digitales. Muchas páginas web funcionan con dificultad o resultan poco accesibles, y trámites relativamente simples pueden exigir mucho tiempo.
La cuestión de la migración hacia Europa también aparece contigo con frecuencia, tanto en las conversaciones como en la realidad cotidiana. Frente a la costa senegalesa pueden observarse patrullas de la Guardia Civil española, lo que muestra hasta qué punto esta frontera marítima se ha convertido en un espacio sensible. Al mismo tiempo, muchas personas que desean emigrar intentan rutas cada vez más largas y peligrosas mar adentro para evitar los controles. En muchos casos, estas travesías se realizan en condiciones extremadamente precarias y no siempre existe un seguimiento claro de las identidades de quienes parten ni de lo que finalmente ocurre durante el viaje. Cuando se habla de migración, también surge enseguida la cuestión de las causas. No existe una sola explicación. Por un lado, el impacto del cambio climático afecta especialmente a regiones como el Sahel, donde la desertificación y la presión sobre los recursos dificultan cada vez más ciertas formas de vida. Por otro lado, también intervienen factores económicos ligados a la transformación de actividades tradicionales. Muchos pescadores locales explican que han perdido gran parte de sus ingresos porque grandes flotas europeas operan en estas aguas con tecnología y capacidad muy superiores, reduciendo de manera considerable las capturas disponibles para las comunidades locales.
Desde Open Arms y otras ONG me explican, además, que la reducción reciente de ciertos fondos internacionales de ayuda, en particular algunos programas vinculados a la agencia estadounidense USAID y cancelados por el gobierno actual, está teniendo consecuencias importantes. Para muchas organizaciones que trabajan en educación, salud o desarrollo comunitario, esto supone una pérdida relevante de recursos y dificulta la continuidad de proyectos que estaban teniendo un impacto positivo en las comunidades locales.
Durante toda la expedición me he sentido seguro contigo. La gran mayoría de las personas africanas, una vez establecido el contacto, han sido muy amables conmigo y me han ayudado como han podido. A veces, incluso, animándome. Recuerdo muy bien el día en que estuve hablando con un joven de unos 16 años en unas oficinas de aduanas, sobre educación, idiomas y su futuro. Cerramos la conversación de buen rollo y, una hora más tarde, en otro lugar, me reconoció en medio de una situación complicada al salir de la frontera, gritando: “This is my teacheeerrrrrrrr”. Me pareció casi épico, porque solucionó de golpe la situación y yo salí reforzado.
Me voy comprendiendo que no se te puede resumir fácilmente, que no se te puede mirar desde lejos y creer que ya se te ha entendido. Eres demasiado inmensa, demasiado diversa, demasiado viva para eso. Solo he visto un fragmento tuyo, pero ese fragmento ya deja huella en mi vida, en mi trabajo, en mis aprendizajes y en mis emociones.
Ahora regreso a casa. Hasta pronto querida África.
_Leo













































Querido Leo: está última narración me ha aportado dos emociones muy distintas entre sí, primero una gran tristeza al recordarme,y con gran elocuencia, las penurias de tantas personas en esos países Africanos ,yo también siento vergüenza.
Menos mal que la otra emoción es la que nos produce tu regreso, todos tenemos muchas ganas de verte entre nosotras.
Hasta muy pronto! Un fuerte abrazo……